La hora de la fe | #329

2021-05-01T22:53:52-04:00 1 de mayo de 2021|E.D.A.|

La Biblia nos dice que somos creados a imagen de Dios y también nos muestra que Dios tiene emociones. ¡Tenemos emociones porque Dios las tiene!

Hay personas que quieren destruir el “tesoro” de la sensibilidad emocional, las lágrimas del corazón, y esto es un error. Por ejemplo, Zenón, filósofo griego y patriarca del estoicismo, atacó cruelmente el sentimiento de la tristeza y de las lágrimas, porque, según él, destruía la serenidad o el equilibrio interior; pero esta opinión contradice, en ciertos casos, lo que dice la Biblia acerca de las lágrimas y la tristeza. La Palabra de Dios nos dice: “Todo tiene su tiempo… tiempo de llorar, y tiempo de reír”, Eclesiastés 3:4. “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”, Romanos 12:15.

Jesús, nuestro Salvador, lloró junto a la tumba de Lázaro; posiblemente al lado del cadáver del joven de Naín y claramente conocemos por el Evangelio su tristeza y llanto ante la endurecida Jerusalén. Quizás también lloró al ver las lágrimas de Pedro, cuando un gallo cantó, por toda la pena que sintió en su corazón al negar que “no lo conozco, mujer”.

Abraham lloró por Sara. Lloró José cuando se arrepintieron sus hermanos. Lloró Jeremías por la condición apóstata de su patria. Lloró David por la ruina y muerte de su hijo Absalón. Todas estas lágrimas, incluyendo las de Cristo y Pedro, son las que repudian muchas personas que propagan insensibilidad emocional y espiritual. ¿Estaría Jesús llorando cuando Judas lo traicionó y se ahorcó? Posiblemente.

El cristiano no debe emprender una cruzada para matar su propia sensibilidad espiritual, física y emocional; ni tampoco para destruir las lágrimas de dolor de su prójimo. ¡Llorar es de cristianos! La historia de la Biblia habla de personajes que lloraron franca y abiertamente por ciertas causas muy puntuales y que Dios no las menospreció. Esto dijo David: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?”, Salmo 56:8. Debido a la fe, las oraciones y lágrimas de Ezequías, Dios lo consoló. El Cristo que derramó gotas como de sangre en Getsemaní, como si llorará con toda la fuerza de sus emociones, fue confortado por ángeles del cielo.

“Nuestras emociones no nos definen- dice un escritor cristiano- ni deberían controlarnos. Nuestra valía personal está sólo en Dios. Él nos prepara para manejar nuestras emociones en lugar de ser controlado por ellas. No debemos temer a las emociones ni tratar de no sentir emociones, pero tampoco debemos ser gobernados por ellas. En cambio, debemos ser gobernados por Dios… lleve sus emociones a Él y confíe en Él para que lo guíe”

Alguien ha dicho: “Si quieres que yo cambie es preciso que haya lágrimas en tus ojos”. Es el agua de las lágrimas sinceras las que pueden hacer milagros. ¿Quién hay que no necesite derramar lágrimas delante de Dios? Pero no lágrimas de derrota sino de confianza y esperanza en el Señor. Cada lágrima cristiana debe ser una oración de fe y victoria.

E.D.A.