La hora de la fe | #359

2021-06-05T17:31:51-04:00 5 de junio de 2021|E.D.A.|

Podemos aprender mucho de la vida de otros creyentes. Elías mismo no fue sólo un profeta sino una profecía. Su experiencia nos enseña mucho. ¡Qué bien es para nosotros que Elías no fue un hombre sin pruebas! Todos hemos sido enriquecidos por sus penosas experiencias. Como él, a veces entramos en una especie de misterioso estado de depresión y es bueno aprender de las Escrituras lo que otros han experimentado al pasar por el valle de sombras de muerte (Salmo 23:4)

Nos debe alegrar mucho que Santiago incluya en su epístola esta frase: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”, Santiago 5:17.

Mirando atrás las pisadas del profeta Elías, debemos recordar que las pruebas es algo inherente del ser humano. Así nos lo enseña el apóstol Pablo: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”, 1 Corintios 10:13. “Porque cada uno llevará su propia carga”, Gálatas 6:5. Estos versículos significan que todos tenemos en común tentaciones, cargas y pruebas. Pero el creyente cuenta con lo que no es común en este mundo: ¡Cristo!

¿Nos rebelaremos entonces contra las pruebas humanas? ¿No es mejor que, agradecidos al Señor, tomemos en cuenta lo dicho por Santiago y el apóstol Pablo? Actualmente no necesitamos novedades, ni visiones para el futuro, ni promesas humanas; necesitamos aprender de la historia bíblica y del tratamiento de Dios para todos los que confían en Cristo.

“Confío yo en Cristo, que en la cruz murió; y por su muerte, listo, voy a la gloria yo. Con sangre tan valiosa mis culpas lava Él, la derramó copiosa el santo Emanuel. Venir a ti me invitas a disfrutar, Señor, delicias infinitas y celestial amor. Espero yo mirarte, oír tu dulce voz; espero alabarte, ¡mi Salvador, mi Dios!”, Himnario Bautista, primera y tercera estrofa, número 332.

La confianza en Cristo debe conducirnos a la comunión con Él y al compromiso con la obra de Dios y nuestro prójimo. El sentido de la confianza y del deber para con el Señor es lo que expresa la idea del himno “Confío yo en Cristo” y las expectaciones de una vida cristiana resaltante.

E.D.A.