La hora de la fe | #371

2021-06-27T08:26:09-04:00 19 de junio de 2021|E.D.A.|

Observamos que la sociedad moderna nos empuja cada vez más en dirección contraria a lo establecido por Dios. Actualmente el egoísmo, la deificación del ser humano, la degradación sexual, el renacimiento de Sodoma y Gomorra, los engaños encubiertos, el orgullo y la vanidad, etc., están a la vista de todo el universo creado por Dios.

Sin embargo, o mejor dicho, lamentablemente hay “cristianos” que no están dispuestos a dejar sus propios intereses en favor de lo justo, de lo santo y sobre todo del hogar.  Incluso, hay padres que asesinan a sus hijos antes de nacer y otros que abandonan a la familia en busca de placer y de realizaciones egoístas.  Miles de niños no nacen porque su madre y/o padre no quieren perder su juventud y, por ello, deciden practicar inmoralmente el aborto, o deshacerse de ellos apoyados en leyes inhumanas

Este, entre otras cosas, es el triste retrato de nuestra sociedad moderna empujada por el egoísmo. No hay lugar para Dios, para el hogar y para la iglesia en aquel que está lleno de sí mismo. Sin embargo, a la larga, el egoísta es el que más sufre. Es de pillos preferir el egoísmo al amor.  ¿Y qué es el egoísmo?  No es otra cosa que alimentarse a sí mismo en secreto de un perverso placer. No obstante, la Biblia nos enseña el estilo de vida individual, familiar y eclesial que se debe llevar. En la carta a los filipenses, el apóstol Pablo nos dice: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.  Nada hagáis por contienda o por vanagloria…”, Filipenses 2:1-3.

Muchas personas, incluso creyentes en Cristo, viven sólo para proyectar una buena impresión a los demás o para satisfacerse a sí mismos. Lo opuesto a lo mencionado por el apóstol Pablo trae ruina espiritual y familiar. Cristo es el verdadero ejemplo a seguir: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús”, Filipenses 2:5.

La vida cristiana no debe ser medida simple o principalmente por la autorrealización o el éxito personal. Por el contrario, es una vida que a veces recibe adversidades, pero que sirven para demostrar lo grande o pequeño de la fe cristiana. Nosotros, los seres humanos, somos criaturas egoístas por naturaleza. Si no adoramos a Dios y amamos al prójimo, encontraremos algún otro “dios” para adorar y servir. En algunos casos, las personas se adoran a sí mismas y viven para su propia vanidad.  En cambio, para servir al Señor debemos colocarlo en el centro de nuestra vida.

Por lo tanto, recuerde que el impacto que usted pueda causar como cristiano va a depender de quién o qué es el centro de su vida. La familia cristiana ofrece la oportunidad de ser un gran aliado de Dios y de la sociedad. Habrá momentos en que usted se sentirá tratado injustamente, rechazado, burlado, pero no tema ser un fiel embajador de Cristo. Entregue a Dios cualquier situación difícil.  Haga su parte como creyente en Cristo y deje a Dios lo que le corresponde, pues Él nunca falla.  ¡Coopere con Dios!

E.D.A.