La hora de la fe | #390

2021-07-10T23:30:14-04:00 10 de julio de 2021|E.D.A.|

Si durante los buenos momentos hemos tenido motivos para agradecer a nuestro Dios por sus bendiciones, durante los momentos difíciles la gratitud, la Biblia y la oración deben potenciar nuestra fe y esperanza real en Él. Esas tres cosas nos mantendrán conscientes de las bendiciones de Dios, nos darán paz en medio de las dificultades y nos librarán de las angustias causadas por expectativas que de un momento a otro se volverán pasajeras y sin importancia, pues no tienen valor ni trascendencia en la vida espiritual.

Necesario es repetir las tres excelentes cualidades cristianas para combatir cualquier exceso de angustia en nuestras vidas: gratitud para con Dios, meditación de la Palabra y oración sin cesar; como ejemplo de ella encontramos textos como Mateo 4:4 y 6:33.

En el tiempo del fin de este mundo, todo lo que puede angustiarnos en exceso, alimentado por los falsos ideales de felicidad a nuestro alrededor, no tendrán ningún valor, pues vendrán riquezas en gloria de todo tesoro que hayamos puesto en el cielo por medio de nuestro Señor Jesucristo. Recordemos lo dicho por el Señor: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones ni minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón”, Mateo 6:19-21.

Hacer tesoros en el cielo no es dar ofrendas y diezmos, sino que se logra con todo acto de obediencia y consagración a Dios (Romanos 12:1,2). Dios siempre tiene planes buenos, agradables y perfectos para sus hijos, aquí y en la eternidad. Debido a que Él solo quiere lo mejor para nosotros y por haber dado a su Hijo para que tengamos vida abundante, deberíamos ofrecernos con gozo en sacrificio vivo para su servicio, gloria y alabanza.

Los cristianos tenemos este llamado: “No os conforméis a este siglo…”, Romanos 12:2. No hemos de estar conformes con las conductas, costumbres, novedades y algunas de las cuestiones de la llamada globalización o el pragmatismo, que por lo general son egocéntricos y a menudo corruptos e inmorales. En Mateo 6:8 oímos de Jesús: “No os hagáis, pues, semejantes a ellos (hablando de quienes oran por motivaciones equivocadas); porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”.

Todos tenemos necesidad y Dios sabe lo que necesitamos, aún más que nosotros mismos, porque nadie nos conoce mejor que Él, y si nos ponemos en sintonía con nuestro Dios, aprenderemos a disfrutar de una mayor cantidad de momentos de felicidad aún en medio de las dificultades; aprenderemos a agradecer por la lluvia para el descanso y el riego de la tierra y por el sol para secar nuestras ropas y para el crecimiento de las plantas.

El deseo de nuestro corazón debe centrarse en Cristo y el reino de Dios, no en lo pasajero de este mundo; de esta forma disfrutaremos de la paz que nos ofrece Jesús. Porque cuando dejamos de controlarnos a nosotros mismos y entregamos el control a Dios, Él toma el dominio de nuestras vidas y hace que ocurran cosas milagrosas (Jeremías 33:3).

E.D.A.