La hora de la fe | #426

2021-08-22T08:33:32-04:00 21 de agosto de 2021|E.D.A.|

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación… Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos…“, Mateo 5:4,12.

El Señor Jesús empezó su sermón con palabras que aparentemente se contradicen, pero la forma en que el Señor quiere que vivamos muchas veces contradice la del mundo. Si queremos vivir para Dios debemos estar dispuestos a decir y hacer lo que para el mundo parecerá raro. Un día recibiremos todo lo mejor, mientras otros terminarán sin nada.

La palabra bienaventuranza significa bendición y procede de la palabra latina para hablar de algo bendito. Por lo tanto, cada bienaventuranza es lo mismo a decir “Bendito los que …”. Las mismas varían en formas y circunstancias y se dirigen primordialmente a los discípulos. Sin embargo, son de aplicación y enseñanza para todos los cristianos que se adhieren a Jesús como su Señor.

“Bienaventurados los que lloran” se refiere especialmente a la tristeza sincera con respecto a su condición espiritual delante de Dios. Conlleva la idea de no ser mejores creyentes, más consagrados y no llegar al nivel que Dios espera de nosotros. Pablo se lamentó con tristeza piadosa cuando en ocasiones tenía conflictos interiores respecto a ser cada vez más santo (véase Romanos 7:15-24).

Cada creyente debe percibir su propia flaqueza espiritual cuando ve la santidad de Dios y la perfección de Su carácter. Sin embargo, el creyente sincero se propone “morir” cada día a todo aquello que entristece a Dios y esto trae como consecuencia que reciba consolación, fortaleza, avivamiento en su vida y sea un bienaventurado.

Por lo tanto, no se trata de un llanto de dolor físico sino espiritual. Por ejemplo, ¿qué hubiera sido Abraham negándose a ir al monte Moriat? ¿José, hijo de Jacob, sin ser vendido por sus hermanos y que no obstante les perdonó? Fue la obediencia y el “llanto” de esos y otros personajes gloriosos lo que les hizo tener una grandeza mediante la sumisión a Dios. Los grandes caracteres de la Biblia que tanto nos inspiran proceden de hombres y mujeres “que lloran y recibirán consolación” por descubrir la misión, el deber y el compromiso con el Señor. Así que, esta bienaventuranza no hay que asociarla con los padecimientos que actualmente estamos pasando como consecuencia del mal comportamiento humano en general.

En verdad, cuando alguien padece como cristiano, es bienaventurado. Cuando se sufre por glorificar a Dios y no se avergüenza del Evangelio, está siguiendo las pisadas de la primera y segunda bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”, Mateo 5:3,4.

“Gozaos … alegraos …” ¡Qué recompensa y gloria espiritual es esta! ¿Son sus actitudes cristianas una copia de las bienaventuranzas del Sermón del Monte? Entonces usted es un gran BIENAVENTURADO o bendito de Dios.

E.D.A.