La hora de la fe | #462

2021-10-03T06:56:47-04:00 2 de octubre de 2021|E.D.A.|

Una de las biografías más emocionantes de la Biblia es la de José (Génesis 37-50). La historia entera ilustra la soberanía de Dios y su cuidado providencial sobre los suyos. Niño aún, se trasladó con sus padres y hermanos a Palestina donde vivió hasta los 17 años de edad, dedicado a pastorear los rebaños de su padre, de quien era hijo predilecto.  Más tarde, debido a esta predilección, sus hermanos le aborrecieron en tal forma que un día lo vendieron como esclavo a unos mercaderes por veinte piezas de plata.

En Egipto, gracias a su inteligencia y honradez, José fue puesto como mayordomo en la casa de Potifar, su amo; pero debido a una calumnia de la esposa de éste, lo encarcelaron por un largo tiempo. Sin embargo, Dios lo bendijo dándole “gracia en los ojos del jefe de la cárcel”, el cual le nombró guardián de todos los presos (Génesis 39:21-23). En la cárcel tuvo oportunidad de interpretar los sueños de dos oficiales del faraón. Como recompensa, y en beneficio de la economía del país, a José lo sacaron de la prisión para ocupar el cargo de primer ministro en el gobierno de la nación.  El país prosperó extraordinariamente bajo su dirección.

Esta historia nos revela ciertos secretos importantes:

1. Jacob, su padre, quería hacer a José superior a sus hermanos antes de que hubiera aprendido a ser siervo. El resultado: sus hermanos lo aborrecieron.  El favoritismo en la familia puede ser muy perjudicial; un hijo predilecto puede cambiar la paz del hogar o la armonía de la familia.

2.  José, mayordomo de la casa de Potifar, actuó como un siervo de Dios, recto, justo y cumplidor con sus deberes y acorde a sus talentos.  La esposa de Potifar fracasó en seducirlo. Cuando estamos en la presencia de la tentación, uno fácilmente puede racionalizar el asunto con excusas. Sin embargo, es mejor huir que quedarse en el terreno de la tentación, especialmente cuando las tentaciones son sexuales. Muchas tentaciones se vencen mejor huyendo del lugar de la tentación, algo que no hizo Sansón.

3.  José sustentó y protegió al pueblo y a su familia.  En el caso de sus hermanos lloró con ellos y les besó; les perdonó y le envió regalos a su padre.  No sintió la necesidad de decirles: “ahora veréis…”.  No podemos dejar de ver en este episodio la manera en que un familiar debe tratar al otro.  El hijo de Dios controla las circunstancias y sentimientos para bendición de todo el hogar.

4.  José, como gobernante en Egipto y administrador de la casa del faraón, surtió de trigo y comida al pueblo. Demostró sincera compasión por el pobre. De esto podemos decir que el cristiano siempre está del lado de los que sufren por causa de la justicia y la verdad.  ”Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”, 1 Timoteo 5:8.

E.D.A.