La hora de la fe | #494

2021-12-05T07:34:09-04:00 3 de diciembre de 2021|E.D.A.|

Es cierto que las cosas que se relatan en el libro de Éxodo sucedieron hace casi 3.500 años; sin embargo, es asombroso cómo cobran vida para nosotros en el día de hoy. Si bien en lo externo parece muy lejano de nuestro mundo moderno, en su interior esa gente era igual a la de hoy.

A partir del capítulo 16, observamos que las personas que habían salido de la esclavitud de Egipto, comienzan a rebelarse contra Dios al pie del monte Sinaí. Se quejaban, organizaban protestas, criticaban a sus líderes, daban dolores de cabeza a Moisés y tenían reacciones de gente incrédula.

Por otro lado, vemos a Dios y a su siervo Moisés con acciones de gran misericordia. Por ejemplo, Dios usó el maná que recogían a diario para enseñarles acerca de su carácter y providencia. Va delante de ellos para protegerlos y asegurarles que Sus promesas son fieles y verdaderas. Les dice que son su especial tesoro porque Él era su Redentor. Les escribió los Diez Mandamientos en dos tablas de piedra, como expresión de un único Dios y lleno de amor al prójimo, que incluye las acciones necesarias de atención, apoyo, respeto y consagración al matrimonio entre un hombre y una mujer y obediencia de los hijos a los padres.

Todo el libro de Éxodo nos habla del Dios que obra siempre a favor de la humanidad, que toma en cuenta la realidad de la vida presente y futura, y que nunca deja de favorecer especialmente a su pueblo.

¡Qué gran Dios el nuestro!  Sin embargo, la tentación de quejarnos parece ser el pecado más común, no solo entre los israelitas en el desierto, sino también entre los creyentes de hoy.  Al quejarnos ofendemos a Dios.  Si como creyentes en Cristo cultivamos la actitud del contentamiento, de la alabanza, de la acción de gracias… será el mejor antídoto contra las duras pruebas de la vida. En muchos pasajes de la Biblia queda claramente establecido que los planes de Dios para su pueblo son para protegernos y bendecirnos con toda bendición de lo alto. ¡No hay bien fuera de Dios!

Cuando éramos indiferentes, idólatras e incrédulos, vino al mundo Jesucristo a sufrir y morir por nosotros, por órdenes del Padre Celestial. Esta fue una donación total y asombrosa del amor de Dios. Hace bien que nos acordemos en estos días decembrinos del don inefable de Dios. Dios no nos salvó para que pasemos unas navidades felices al estilo del mundo secular, sino para que seamos bienaventurados todos los días de nuestra vida. Con Cristo, la navidad toma otro sentido.  Una navidad con Cristo, se torna alegre, feliz y gloriosa.

E.D.A.