La hora de la fe | #503

2021-12-26T04:58:24-04:00 24 de diciembre de 2021|E.D.A.|

El ser humano ha sido siempre un ser ávido de noticias. Oír y decir una cosa nueva es algo preferido de los filósofos, estadistas y gobernantes de cualquier tendencia ideológica.

Hay nuevas buenas y malas, esperadas e inesperadas, y algunas, por ser muy esperadas, su llegada sorprende a quien más las anhela. Tal fue el caso del aviso que dio la joven Rode a los discípulos que estaban orando a favor del apóstol Pedro y del mismo carácter fue la que los ángeles dieron a los pastores en Belén. Aunque individualmente esperaban al Mesías prometido, les sorprendió de tal manera que no podían creer lo que veían. ¡Tan grande era la noticia!

Notemos la grandeza de la noticia por parte del ángel de Dios: “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”, Lucas 2:8-11.

Aunque nuestra primera impresión de Jesús es la de un bebé en un pesebre, no debe ser la final. El niño Mesías en el pesebre ofrece una hermosa escena de Navidad, pero no debemos dejarlo allí. Esta pequeña e indefensa criatura tuvo una vida maravillosa, murió por nosotros, ascendió a los cielos y volverá a la tierra como el Rey de reyes y Señor de señores. Gobernará el mundo y juzgará a todas las personas de acuerdo a la decisión que hayan tomado acerca de Él. ¿Qué imagen tiene usted de Jesús? ¿La de un bebé en el pesebre o la de su Salvador y Señor? ¿La de una simple historia o la de “EMANUEL, que traducido es: “Dios con nosotros”?, Mateo 1:23.

Dios continúa revelando a su Hijo hoy. ¡Qué anuncio tan maravilloso! Algunos de los judíos esperaban al Mesías para que los librara del poder romano; otros esperaban que los librara de las limitaciones físicas y económicas. Pero Jesús, al mismo tiempo que curaba enfermedades, expulsaba demonios y daba de comer a los pobres, los libraba de la esclavitud del pecado. Por eso su nombre, Jesús, significa “…salvará a su pueblo de sus pecados”, Mateo 1:21. Jesús vino a la tierra a salvarnos porque nosotros no podemos hacerlo. No podemos librarnos de las consecuencias del pecado. Por buenos que seamos, no podemos eliminar la naturaleza carnal presente en todos nosotros. Solo el Señor Jesús puede hacerlo.

Dele gracias a Dios hoy por habernos enviado a su Hijo Jesús, por haber muerto en la cruz por nuestros pecados y por amarnos hasta el punto de darnos vida eterna. “¡Gracias a Dios por su don inefable!”, 2 Corintios 9:15.

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

E.D.A.