La hora de la fe | #512

2022-01-19T17:43:32-04:00 14 de enero de 2022|E.D.A.|

Nada hay en la persona más fascinante que su capacidad de reaccionar. Sin embargo, la manera en que nos comportamos o reaccionamos ante las situaciones que vivimos, refleja el carácter y la personalidad que tenemos. Hay ocasiones en que somos sorprendidos por nuestro propio comportamiento, al punto que podemos decir que no nos conocemos a nosotros mismos.

Por lo regular, estamos preparados para expresar nuestra alegría, nuestros sentimientos más amables cuando estamos frente a circunstancias favorables. Es sencillo ser cortés con los que son educados con nosotros. Es más fácil sonreír a quien nos brinda una sonrisa. Es comprensible sostener la calma cuando todo está bajo nuestro control, aun cuando la situación no sea sencilla. Pero, ¡qué gran diferencia hace la calma, el dominio propio y la amabilidad en el control personal, cuando las circunstancias son contrarias! Algunos podemos decir que no reaccionamos adecuadamente cuando nos presionan, nos amenazan o nos provocan. Con cierta frecuencia perdemos la paciencia frente a lo que nos produce incomodidad o frente a lo que rechazamos.

No obstante, Dios le ha dado al cristiano el Espíritu Santo, que es capaz de acrecentar sus fuerzas y vencer sus humanas debilidades. El ser humano controlado por el Espíritu de Dios se preocupa por no hacer cosas incorrectas ni participar de ellas; por el contrario, trata de participar en la solución siguiendo las enseñanzas de las Escrituras, sobre todo siguiendo el ejemplo del Señor Jesús.

El apóstol Pablo, escribiendo a los Romanos, inicia su sección práctica (capítulos 12-16) con diversas recomendaciones para desarrollar un carácter cristiano, entre ellas conseguimos las siguientes: “Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”, Romanos 12:12. Se desprende de este versículo que se debe dar el control al Espíritu Santo para producir el carácter y la fortaleza adecuada ante cada dificultad.

Esperar y no ver que se cumpla una promesa desalienta. Pero Pablo afirma que la esperanza que se ve no es esperanza, y que la conservemos a través de la paciencia y la consolación de las Escrituras. Para ello la actitud que se recomienda escoger es la de esperar con gozo. “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”, Romanos 15:13.

El reaccionar con una actitud cristiana frente a la adversidad no evita el sufrimiento. Muchas cosas perturban la tranquilidad del creyente. El cristiano conoce el dolor, lo experimenta, lo aflige, pero tiene la alternativa de no dejarse dominar por él. La vida cristiana trasciende el tiempo presente, por lo que el creyente puede colocar en perspectiva correcta este versículo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:18.

La capacidad de reaccionar correctamente ante las dificultades no depende exclusivamente de nosotros; tenemos que intensificar la disciplina de la oración para provecho y fortaleza de nuestra vida. La Biblia nos enseña que aunque nuestros sentimientos pueden ir de extremo a extremo, debido a las circunstancias que tenemos que confrontar en la vida, podemos por la gracia de Dios, por Sus promesas y con Su ayuda, reaccionar bien.

E.D.A.