La hora de la fe | #515

2022-01-23T00:11:02-04:00 21 de enero de 2022|E.D.A.|

En ocasiones, al creer en Dios, suponemos que ya somos lo que esperábamos ser, cuando realmente todavía estamos lejos de serlo. Debemos entender, que en nuestro proceso de crecimiento espiritual, pasamos por diferentes etapas de desarrollo.

He aquí una manera sencilla y clara de entender cuáles son las etapas y dificultades y cómo avanzar hacia nuevos niveles de desarrollo espiritual. Con las siguientes lecturas usted podrá, no solo identificar su nivel de madurez integral, sino también mejorar su relación con el Señor. “Y junto al rio, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”, Ezequiel 47:12. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”, 1 Corintios 13:11. “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará”, Salmo 1:3. “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”, Proverbios 4:18. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, 2 Pedro 3:18ª.

Como podemos leer en estos versículos, entre muchos otros, hay un proceso que cada creyente tiene que pasar y si trata de saltarlo o ignorarlo, Dios lo va a regresar al principio del proceso. Dios no está buscando gente perfecta sino creyentes que aprendan a desempeñarse o comportarse como corresponde a un hijo del Rey. Dios no está buscando popularidad, fama, relevancia sino disponibilidad y utilidad para Su reino.

Entonces los creyentes de impacto son aquellos que tienen una gran pasión y un gran deseo de seguir creciendo, madurando, perfeccionándose en la vida cristiana. No se conforman en el nivel que están y siempre tienen una meta de superación. Continuamente buscan actitudes y acciones para desarrollarse y madurar.

¿Cuál es la meta final de Dios para sus hijos? Su meta final es llevarnos a ser perfectos o maduros: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, Mateo 5:8.

Un lema colgado en la pared del cuarto de un boy scout decía: “No soy lo que debo ser, no soy lo que he de ser, pero no soy lo que era”. Nuestra principal preocupación no debe ser simplemente cuánto tenemos como cristianos o cuántos años llevamos como miembros de la iglesia sino, ¿estamos creciendo… madurando… superándonos…?

E.D.A.