La hora de la fe | #524

2022-02-12T00:35:31-04:00 11 de febrero de 2022|E.D.A.|

En el mundo suele utilizarse con frecuencia la palabra “suerte” para referirse a la solución de un problema o ser beneficiado con algún bien temporal. ¿Qué tiene que decirnos las Sagradas Escrituras?

El pueblo judío, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, utilizó varias veces la palabra “suerte”, una práctica que heredaron de los pueblos paganos y que Dios en determinados momentos no la desestimó. Los judíos esperaban que Dios los guiase de esa manera en casos dudosos y así saber la decisión que habían de tomar. Por ejemplo, el territorio de las doce tribus fueron asignadas por suerte (Josué 13:6). Mediante esta práctica se descubrieron los pecados de Acán, Jonatán y Jonás (Josué 7:14; 1 Samuel 14:41,42; Jonás 1:7). Por “suerte” fueron repartidas las vestiduras de Cristo (Mateo 27:35). Y de este manera designaron a Matías como apóstol en lugar de Judas (Hechos 1:26).

El modo más común de echar suertes en aquella época era empleando piedrecitas. Se marcaba una de ellas y luego se sacudían todas juntas en uno de los dobleces de un vestido, en una caja, o en un yelmo, antes de proceder al sorteo (Proverbios 16:33; Juan 19:24). Es de notar que después que la iglesia fue fundada por el Espíritu Santo (Hechos 2) no hallamos el uso de “suertes” para resolver los problemas de la iglesia, la iniciación de la obra misionera, el esclarecimiento de la voluntad de Dios, el disipar dudas o descubrir lo correcto, etc. A partir del Pentecostés lo que cuenta para el creyente es la dirección del Espíritu Santo y la orientación de la Biblia.

Ni el Señor Jesús, ni los apóstoles, ni las iglesias del Nuevo Testamento, ni el gran teólogo Pablo en sus epístolas, necesitaron usar este método de origen pagano. La palabra “suerte” no forma parte de la teología cristiana. El creyente goza de la dirección de Espíritu y de la iluminación de las Escrituras. En la actualidad no hay lugar ni justificación para la “suerte” en ningún círculo cristiano. El cristiano y las iglesias toman sus decisiones basadas en las experiencias con Cristo.

El autor de la Epístola a los Hebreos describe profundamente como el Señor Jesucristo es nuestra fuente de sabiduría: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”, Hebreos 1:1,2. “Nos ha hablado por el Hijo”. Los destinatarios de esta carta dan la impresión de haber sido judíos cristianos. Una vez convertidos dejaron muchas prácticas del judaísmo, entre ellas el creer en la “suerte”. Por fe andamos, no por suertes.

E.D.A.