La hora de la fe | #533

2022-03-06T04:24:53-04:00 4 de marzo de 2022|E.D.A.|

Eliú fue un hombre sabio, sumamente sabio, aunque no como el Omnipotente y el Omnisciente Dios, que ve luz en las tinieblas y pone orden donde hay confusión. Por eso Eliú, muy perplejo al ver la aflicción de Job, trató de encontrar su causa y muy sabiamente dio una de las razones más probables, aunque no resultó ser la correcta en el caso de la enfermedad de Job. Él dijo: “A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está mi Hacedor, que da cánticos en la noche, que nos enseña más que a las aves del cielo?”, Job 35:9-11.

Eliú subrayó la soberanía de Dios sobre toda la naturaleza como un recordatorio de su poder sobre nuestra vida. A pesar de que no podamos verlo, Dios está vigilando los asuntos de este mundo. Dedicar un tiempo a la Palabra del Señor, a la oración y a las partes intrincadas de la creación, nos ayuda a recordar el argumento expuesto por Eliú, en el sentido de que la gente no pregunta por Dios, que es el único que puede hacernos sabios y salir victoriosos en los momentos más difíciles de la vida. En lugar de eso, está mirando a su alrededor, a la derecha y a la izquierda, a la computadora y el televisor, para ver cómo puede escapar de sus angustias, ¿y Dios?

La frase: “¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?” indica que el ser humano suele pedir ayuda, pide ser librado de las dificultades, pero nadie pregunta: “¿Dónde está Dios mi Hacedor, para adorarle?” En efecto, hoy como en los tiempos de Eliú, la gente no busca verdaderamente a Dios para humillarse delante de Él, para reconocerle en todos sus caminos; solamente piensan en su salud, su placer, su libertad, su trabajo, ¿y Dios, mi Hacedor?

El creyente nunca debe confiar en un poder menor que el de Dios. Él no solo es poderoso, sino que también vela por nosotros. Nada lo distrae ni disuade. Estamos seguros. Como lo dijo el salmista: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra”, Salmo 121:1,2.

“¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?”. Dios nos ha investido de facultades y poderes muy superiores a los del mundo. Estos desaparecen con pena y sin gloria, pero los creyentes sabemos que nos esperan tiempos mejores si estamos a bien con Dios. Los animales tienen admirables instintos, pero no tienen capacidad para inquirir ni discernir. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a Dios? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”, Salmo 73:25,26.

El creyente tiene su “noche”. Sí, noches de hiel y ajenjo, de dolor y tristeza, de soledad y desconcierto. Pero, a pesar de eso, no solo Dios nos da cánticos en la noche, sino que es el único que inspira cánticos que consuelan, fortalecen, vivifican. Si no podemos cantar con fuerza, con voz audible, podemos cantar por dentro, en silencio, con una melodía en voz secreta y expresando algo así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. …no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo”. Todos podemos cantar cánticos en la noche más oscura. En el silencio de la noche podemos cantar más dulcemente a solas con Jesús. Se dice que el ruiseñor canta mejor en la noche, cuando todo está en silencio.

E.D.A.