La hora de la fe | #539

2022-03-19T17:13:28-04:00 18 de marzo de 2022|E.D.A.|

El hábito de dejar un asunto hasta tener los medios para alcanzarlo, o hasta que la época sea la más adecuada, o hasta que se sepa cómo hacerlo, puede resultar beneficioso. Sin embargo, uno de los grandes problemas o peligros es que tanta prudencia, planificación o imaginación nos robe el gozo de la alegría o del contentamiento diario. Andar con prudencia siempre es un factor beneficioso, pero esperar, esperar y esperar que llegue la época de “las vacas gordas” puede resultar desalentador.

El apóstol Pablo, quizás el más inteligente e importante pensador cristiano, dijo: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”, Filipenses 4:4-7.

Resulta contradictorio que un creyente y apóstol, encarcelado injustamente, pudieran decir a otros creyentes que se regocijen en medio de las dificultades. Pero no, Pablo estaba lleno de gozo porque sabía que pese a lo que sucediera, Cristo lo tenía todo controlado para él y la iglesia que estaba en Filipos. Ciertamente, el gozo verdadero viene cuando el Señor dirige nuestra vida. El gozo cristiano comienza, pues, al saber que el Señor siempre está cerca.

El gozo verdadero no proviene del pensamiento humano ni de las cosas de esta vida, sino de la comunión con Dios. Juan Bunyan, el escritor y predicador inglés del siglo XVIII, dijo: “Retírate y lee tu Biblia si quieres ponerte alegre y gozoso”. El gozo en el Señor es una de las señales más seguras de la presencia de Dios en nuestra vida. La melancolía o la tristeza no es virtud del creyente. No deben existir santos derrotados. Si el Señor en verdad es el centro de la vida, su gozo es inevitable, lo cual no significa que uno esté todo el tiempo riéndose, a carcajadas, o enseñando sus dientes todo el tiempo. Al gozo hay que añadirle templanza, cordura, dominio propio.

Bíblicamente hablando somos llamados a disfrutar del gozo del Señor. Por más difícil que sea el camino, el gozo está tanto en el andar como en el alcanzar las metas. Siempre hay gozo al hacer lo correcto. Esto trae como consecuencia que “…la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

El gozo y la paz que nos viene del Señor es diferente a la del mundo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33. ¡El cristiano debe ser una persona de gozo y esperanza en Cristo!

E.D.A.