La hora de la fe | #82

2020-06-28T04:45:00-04:00 27 de junio de 2020|E.D.A.|

Aunque los evangelios contienen muchas y más profundas parábolas que el Antiguo Testamento, podemos encontrar en sus libros algunas muy interesantes. En Jueces 9:8-15, encontramos esta interesante disertación de Jotam, hijo de Gedeón: “Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano”.

En esta fábula, la zarza decide reinar sobre los árboles, ya que el olivo, la higuera y la vid rehusaron hacerlo. Los árboles representaban a los setenta hijos de Gedeón y la zarza representaba a Abimelec, que se hizo rey de Siquen después de la muerte de su padre y mató a 70 hijos de éste. Solo se salvó Jotam, su medio hermano. La historia termina con una advertencia que finalmente se cumple en el versículo 57. Aunque todos los árboles obtuvieron su “don” del mismo suelo, cada uno toma de éste lo que le es útil para su fruto. Veamos.

El olivo es el árbol más atractivo y valioso de todos los mencionados en las Escrituras. Se usaba como alimento y su aceite proporcionaba el alumbrado necesario para todas las actividades cotidianas. Además, sus hojas eran el símbolo de la paz. Esto significa que ninguna otra nación fue tan bendecida como Israel. También su utilidad y calidad se ve en el hecho de que algunas ramas fueron injertadas con olivos silvestres.

La higuera es famosa por su fruto dulce y era muy apreciada. Los higos eran objeto de gran consumo y sus extensas ramas proporcionaban un agradable refugio contra el calor del sol. Adán y Eva usaron hojas de higuera para cubrir su desnudez (Génesis 3: 7). Además, la higuera es el primer árbol frutal que se menciona en la Biblia (Génesis 3: 7). Dios plantó a Israel como una higuera, pero el fruto que esperaba de él se echó a perder y en vez de dulzura hubo amargura (Lucas 13: 6-9).

La vid simboliza o se destaca por producir verdadera vida y alegría. Con la vid se compara el pueblo de Israel (Jeremías 2: 21; Ezequiel 15: 6; Oseas 10: 1; Salmo 80: 9-17). Había que podar la vid cada año (Levítico 25: 3). Jesús se llama así mismo la vid verdadera (Juan 15: 1-8), cuyos “pámpanos” son los discípulos, figura que pone de manifiesto la unión que existe entre Él y ellos. Lo que Israel no pudo dar a Dios, Jesús lo dio. Su Padre lo plantó, lo rodeó de ramas a fin de que llevará fruto abundante.

La zarza es un arbusto, abrojo, cardo o espino que medra en cualquier suelo. No produce ningún fruto de valor. No sirve de protección, sólo es útil para encender un fuego. Es emblema del mundo pecador. Es muy probable que las espinas de la corona de Cristo fuera de uno de los arbustos (zarza) cerca del Gólgota. En la parábola se advierte que la zarza (Abimelec) estaba dispuesta a reinar sobre los árboles.

¿Qué lecciones se desprenden de esta fábula? El énfasis del relato de Jotam tiene que ser puesto en el deber, en el compromiso y en la fidelidad del cristiano para con Dios. Si Dios nos ha dado dones y talentos, tiempo y posesiones, iglesia y familia o alguna otra bendición especial y espiritual, tenemos que usarlos para Su obra y engrandecimiento de Su pueblo (1 Corintios 4: 7). La vida cristiana y los talentos implican deberes y privilegios que la “zarza” (el mundo) no tiene.

La mayor gloria del cristiano es producir fruto para el Señor. El mayor honor del creyente es ser útil, servidor de Cristo y no famoso ni importante. Los honores y glorias obtenidos mediante el empobrecimiento del alma, son siempre una maldición.

Cristiano, asegúrese de que su vida, semejante al olivo, la higuera o a las ramas de la vid de fruto “…cuál a ciento, cuál a sesenta, igual a treinta por uno”, Mateo 13: 8.

E.D.A.