La hora de la fe | #99

2020-07-21T06:18:14-04:00 17 de julio de 2020|E.D.A.|

En esta ocasión nos ocupamos de un tema vital del Evangelio: Leales a Cristo por encima de todo.

En su tercer sermón desde el día de Pentecostés, Pedro acompañado de su colega Juan, dio ante el Sanedrín un recital sobre la abundante vida y ministerio del Señor Jesús. El concilio sabía que ambos apóstoles carecían de estudios especializados y estaban sorprendidos de lo que decían de Jesús y lo que hacían con la gente necesitada de todo bien físico y material (Hechos, capítulo 2 al 4).

Después de batallar en cuestiones religiosas y políticas con los sacerdotes, saduceos, escribas, fariseos y ancianos judíos, todos enemigos de Jesús y de los apóstoles, dice en Hechos 4: 13: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”.

Aquí vemos con toda claridad el ataque de los enemigos del Evangelio: desprecio. Consideraban a Pedro y a Juan hombres que no tenían ninguna clase de preparación técnica, especialmente en las cuestiones de la ley. “Vulgo” quiere decir que eran hombres sin calificación religiosa. A menudo le es difícil a los creyentes sin preparación teológica enfrentarse con los que presumen de intelectuales. Pero el que tiene a Cristo en su corazón tiene una dignidad que no dan ni la universidad, ni los seminarios, ni las iglesias (1 Corintios 1: 18-25). Aquellos intelectuales políticos y religiosos no tenían nada que argumentar ni nada que replicar a aquellos “hombres (de Dios) sin letras y del vulgo”.

Sin embargo, “…se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”. Sí, al verlos, exclamarían inmediatamente: “Estos estuvieron con Jesús en el sermón del monte. Estuvieron con Jesús en el monte de la transfiguración, en el aposento alto. Estuvieron con Jesús en Getsemaní. Han estado con Jesús cuando Él resucitó. Les vimos cuando Jesús le dio la gran comisión”. Así, posiblemente, se expresaron aquellos eruditos de los valientes Pedro y Juan. Por el brillo de sus ojos, por sus rostros serenos, por el denuedo o valor y valentía aquellos ilustres del sanedrín pudieron adivinar que habían estado con Cristo llevando la cruz del discipulado cristiano. Quienes habían llevado a los apóstoles para una investigación, ahora se maravillan de la elocuencia de su defensa, en especial porque reconocen en ellos a personas sencillas, o sea parte del pueblo común que no tenían formación religiosa profesional.

Un cristiano debe ser un fiel retrato de Jesús de Nazaret. La mejor biografía de Cristo para el mundo es la biografía viviente grabada en las palabras y en los hechos de sus seguidores. Todo cristiano debería ser un retrato de Cristo, semejante, no igual a Jesús. ¡No hay otro como Jesús, pero todos debemos imitarlo! Mostrar a Jesús en nuestro diario vivir, es lo que más busca el Señor. ¿Se negó Jesús a sí mismo, no mirando nunca su propio interés? Nosotros debemos hacer lo mismo. ¿Fue piadoso, paciente, amoroso, perdonador y se sometió a la voluntad del Padre? Aprendamos también nosotros a hacer lo mismo.

Cristiano, nunca dejes de testificar de Cristo. Amontona carbones de fuego sobre la cabeza de los enemigos de Cristo, mostrándote bondadoso, servicial y perdonador (Romanos 12: 17-21). En estos días de constantes pleitos e incesantes injusticias, el mandato de Jesús es que seamos amistosos y reconciliadores. La mejor manera de mostrar a Jesús, es testificando de Él siempre, como lo hicieron Pedro y Juan, con palabras y ejemplos propios de un cristiano consagrado a Dios.

E.D.A.