La hora de la fe | #110

2020-08-02T09:33:30-04:00 30 de julio de 2020|E.D.A.|

Una persona es el producto de sus propios pensamientos. Lo que dejamos entrar en nuestra mente determina lo que expresamos con las palabras y las acciones. El apóstol Pablo nos dice que llenemos nuestra mente con pensamientos verdaderos, honestos, puros, amables de buen nombre, dignos de alabanza: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”, Filipenses 4:7-9. ¿Habrá algo mejor que esta manera de “pensad” y “haced”?

Los pensamientos han de ser convertidos en buenas acciones. Si bien es cierto que el pensamiento es una preparación para la acción, también es verdad que el hacer bien nos ayuda a pensar en lo bueno. La exhortación del apóstol se resume, pues, en estas dos cosas: el pensar en lo bueno y hacer lo correcto; pensar en lo bueno, para hacer el bien y hacer el bien para pensar en lo bueno. Las dos cosas están íntimamente relacionadas y son inseparables, cual semilla y fruto. “En esto PENSAD…y esto HACED”.

El pensar bien no interesa solamente a los filósofos, a los académicos o a los teólogos, sino también a los cristianos. Todos aquellos pensamientos que nos alejan de Dios, de la Biblia y de la fraternidad, o que no nos orientan sabiamente, son barreras en nuestro camino. Lo que más irrita a los enemigos de la fe y de la conciencia cristiana es la imposibilidad de cambiar la mente cristocéntrica.

Salomón, refiriéndose a nuestras actitudes, dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo”, Proverbios 23:7. Pedro, refiriéndose a la mente dice: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”, 1 Pedro 1:13. Pablo, exhortando a los creyentes de Corinto les dice: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, 1 Corintios 2:16. ¿Está pasando suficiente tiempo con el Señor para tener su misma manera de pensar y actuar?

Los pensamientos buenos se fortalecen cuando son fertilizados con el Espíritu Santo. Tal vez eso explica por qué tantas personas que son tan negativas y pesimistas permanecen en ese estado de ánimo derrotista, melancólico, triste, improductivo, casi inservible; mientras que otras que tienen pensamientos beneficiosos (no ilusionistas), entusiastas, serviciales continúa siéndolo aún en medio de circunstancias difíciles como las actuales. Querámoslo o no nuestra situación está directamente relacionada con los pensamientos que hemos depositado en el banco de nuestra memoria. Sólo podemos retirar lo que hemos depositado.

¿Qué clase de funcionamiento tendría su automóvil si cada mañana, antes de ir a su trabajo, usted le echara un poco de agua en el tanque de la gasolina? Ese motor muy pronto estaría fallando. Finalmente, dejaría de arrancar. Lo mismo ocurre en la vida. Si usted piensa y tiene una actitud negativa, pesimista, melancólica, derrotista de sí mismo y de otros, pronto su “motor” mental dejará de funcionar para la gloria del Señor.

Usted realmente se sorprenderá de lo bien que funciona su ánimo bajo una mente bien controlada por el Espíritu de Dios. Una mente, no fanática ni idealista, sino realista, pero controlada por el Señor resulta en beneficio para usted y para los demás.

E.D.A.