La hora de la fe | #155

2020-09-27T10:12:45-04:00 21 de septiembre de 2020|E.D.A.|

En la actualidad hay mucha inquietud e incertidumbre entre los empleados, los enfermos, los cónyuges y los padres de familia por causa de las circunstancias económicas, sociales y políticas existentes. Jóvenes y familias que avisan que se van del país. Hombres y mujeres cambiando de empleo. Es la vida del mundo globalizado. No hay pecado en hacer un cambio con tal que no se haga simplemente por motivos egoístas o para adquirir ventajas mundanas. Cuando se ha dado claramente el testimonio cristiano; cuando cualquier decisión o cambio proyecta intereses loables y nobles, podemos suplicar a Dios con sinceridad que nos abra otras puertas y nos bendiga en tal o cual aventura. Entonces seguramente no hay razón para lamentarlo; porque se hizo pensando en lo mejor.

Pero a veces, como sucede en la actualidad, no siempre resulta favorable. Las puertas se cierran, la crisis se acentúa, la situación no cambia, la salud se deteriora, etc. ¿Qué hacer? Podemos cultivar lo dicho por el apóstol Pablo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:10-13.

Que razonable es reconocer que necesitamos ciertas cosas diarias para la subsistencia, pero que hay bondad de Dios a nuestra disposición para cubrir las emergencias y más allá de eso. La generosidad del Señor nunca se agota, porque lo que Él nos puede conceder está relacionado con sus riquezas en gloria. Es estimulante recordar lo dicho por David: “Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan”, Salmos 37:25.

¡Ansiedad, afán, preocupación! Cuánta gente pierde la fe y la esperanza, el gozo y la paz, el contentamiento y la tranquilidad debido a las excesivas preocupaciones. ¿Qué es la preocupación o la ansiedad? La palabra significa un estado de agitación, de zozobra. Este problema siempre ataca tanto la parte física como la espiritual de la persona. Jesús nos advierte en el sermón del monte (Mateo6: 19-34), que no debemos destrozarnos por causa de nuestras necesidades y pensamientos. Cuando el cristiano está en la voluntad de Dios, todo el universo obra a su favor; pero cuando está fuera del control divino (Espíritu, Biblia, oración e iglesia), todas las circunstancias obran en su contra. ¡Dios es la mayor providencia del creyente!

¿Está usted en control de las circunstancias que enfrenta? Pablo sabía como hacerlo, lo mismo que los cristianos antes de la conversión del apóstol (Hechos 2: 42-47; 4: 32-37). Debemos adoptar la actitud de que todo lo que tenemos viene de Dios y solo compartimos lo que Él nos ha permitido tener. ¿Cómo se siente usted en relación a su pertenencia como familia de Dios? ¿Podemos en realidad hacer parte de lo que hacían los cristianos del primer siglo?

La fe que compartimos los cristianos debe hacernos sentir atraídos por el contentamiento. Cuando hacemos aquello que está a nuestro alcance; cuando permitimos que el Señor tome el lugar que le pertenece en nuestras vidas; cuando confiamos en que Dios suplirá siempre nuestras más profundas necesidades, Él nos auxiliará en todo lo que nos urge en esta tierra, aún el valor para enfrentar la misma muerte como lo hizo Pablo. Al concentrar nuestras mentes en el Señor aprendemos lo que significa unidad, comunión, humildad, gozo, paz y contentamiento.

E.D.A.