La hora de la fe | #269

2021-02-21T07:34:29-04:00 20 de febrero de 2021|E.D.A.|

Los tiempos difíciles suceden en la vida y continuarán sucediendo. A veces nos los buscamos nosotros mismos. Más a menudo, sin embargo, no tenemos nada que ver con lo que ocurre. Simplemente no hay escape de las pruebas y el conflicto aparece en el momento menos pensado.

No importa cuántos años tengamos, dónde vivimos o lo que hacemos para ganarnos la vida. Si estamos casados o solteros, si no tenemos hijos o si la casa está llena de chiquillos, si somos dueños o estamos alquilados en una vivienda. Si somos adictos al trabajo o ya estamos jubilados, si nos gusta disfrutar de un pasatiempo o no tenemos interés en ninguna distracción. Lo cierto es que si no es una cosa, es otra. ¡Así es la vida! ¿Quién hubiera imaginado hace un año que viviríamos todo lo que nos está pasando en la actualidad?

Una de las razones principales para escribir estos devocionales es para apropiarnos de las promesas y bendiciones que nos ofrecen las Escrituras contra cualquier aflicción temporal. Estamos pasando por tiempos de incomprensión y ansiedad, llenos de tentación; retos de la duda, la confrontación, el prejuicio y la hipocresía, lo mismo que por una alta inmoralidad, gigantes impíos con los que tenemos que luchar y que van creciendo en número y pecados abominables a los ojos de Dios.

Si hemos de seguir nuestra vocación santa de modo satisfactorio, necesitamos ser cristianos mejores. Todo lo que ya poseemos de capacidad o aptitud espiritual es un don de Dios; sin embargo Él quiere concedernos mucha más capacidad espiritual. La capacidad de un creyente, cuando Dios lo controla mediante su Palabra y la oración, no ha de considerarse por uno mismo, sino por Dios mismo. Esto es lo que expresó el apóstol Pablo: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”, 1 Tesalonicenses 5:23-24. Como cristianos no podemos evitar todo lo malo porque vivimos en un mundo pecaminoso. Podemos, sin embargo, asegurarnos de no darle al enemigo un lugar en nuestra vida donde convivir; por el contrario, debemos permitirle al Señor que Él controle todo nuestro ser, no sólo la parte religiosa sino TODO NUESTRO SER, cuerpo, alma y espíritu; tentación, ansiedad y rabia; desesperanza, dudas y desviaciones de la fe.

Lo primordial para la presente época es que tengamos más fe. Es preciso que creamos más intensamente en Dios. Es repugnante que un creyente hable, hable y hable de temas relativos al Evangelio, a la gracia, a la santificación, a las Escrituras, a la oración, a la iglesia, sin tomárselo en serio, sin ser un practicante de tales asuntos espirituales. Esto nunca servirá de nada.

Unas palabras de aliento. Los tiempos son malos, pero ya lo han sido antes. Tenemos que ceñirnos con la armadura de Dios (Efesios 6: 11-18), estar firmes y perseverar hasta el fin de nuestros días. “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”, Apocalipsis 2:10.

E.D.A.