La hora de la fe | #365

2021-06-12T19:01:26-04:00 12 de junio de 2021|E.D.A.|

Los capítulos 13 al 17 del evangelio según Juan, nos cuentan lo que el Señor Jesús les dijo a sus discípulos antes de su muerte. Todas estas palabras las expresó una noche en la que, contando únicamente con la presencia de los suyos, les dio las últimas instrucciones a fin de prepararles para el futuro.

El capítulo 13 comienza así: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Jesús ya no se presenta más a la nación, sino exclusivamente a los discípulos la noche antes de su muerte. En sus instrucciones finales, Él usó y practicó el amor que tantas veces les había enseñado y compartido. Se ocupa de los suyos “hasta el fin”.

Jesús sabía que uno de sus discípulos lo traicionaría, otro lo negaría y todos lo abandonarían durante un tiempo por miedo a los judíos. Aun así, “los amó hasta el fin”. Él nos conoce completamente, como a sus antiguos discípulos. Conoce los pecados que hemos cometido y los que nos faltan por cometer; pero a pesar de eso, nos ama hasta el fin.

Su amor para con nosotros hasta el fin, es el mayor milagro que hemos recibido de parte de Dios. ¿Qué tenemos para que Él nos ame “hasta el fin”?

La verdad central por la que nuestro Señor era, es y siempre será así, es porque su naturaleza divina y humana es la de amar, aún siendo nosotros pecadores: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, Romanos 5:8. ¡Qué maravilla! El amor que motivó a Cristo a morir por nosotros es el mismo amor que les profesó a sus discípulos. Si de Venezuela, nuestro país, se dice que tiene las reservas más grandes de petróleo del mundo, suficiente para cubrir nuestra demanda por cientos de años, Cristo tiene reservas de amor infinitas para todos nosotros. Mediante la fe en su obra Redentora, en vez de ser enemigos, nos ha convertido en amigos de Dios (Juan 15:14,15)

Tal es el amor de Jesús de Nazaret para cada uno del pueblo de Dios. Aun hasta el momento de su muerte, reinó en su corazón aquella pasión dominante de amor por los suyos.

En todas las esferas de la vida humana, lo que estropea las cosas, ya sean deportiva, sociales, religiosas, políticas, etc. se excluyen. Sin embargo, en el esquema espiritual de Cristo siempre hay para el creyente lugar para su amor y amistad. Así nos lo dejó dicho Él antes de subir al cielo: “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amen”.

E.D.A.